Seguro que tampoco suena a chino, cuando se habla de la Gestión por competencias, o la Gestión del desempeño.
La evolución en la gestión empresarial ha implicado en los últimos años la aceptación de conceptos como "recursos humanos", “visión y misión de empresa”, "stakeholders", “dirección estratégica”, "creación de valor", ”responsabilidad social corporativa” o “ética empresarial”.
El concepto de responsabilidad social surge como resultado de una transformación de lo que se ha conocido tradicionalmente como gobierno de empresa, en la que la relación bilateral entre accionistas y directivos, deja sitio a las relaciones multilaterales entre todos los grupos de interés incluyendo así a otros como empleados, clientes o proveedores.
Suele ser que, los accionistas tienen objetivos muy poco parecidos a los de los directivos: poco que ver tienen con la creación o destrucción de valor y tienen más que ver con la creación de beneficios contables, independientemente de lo que pueda suceder a la empresa a largo plazo.
Ya no hablemos si estos objetivos los comparamos con los de los trabajadores o con los de los propios consumidores que compran los productos de la empresa. Cuando la consecución de objetivos implica la confrontación de las partes, como es de esperar, nace el conflicto... y el agravamiento del problema al que se enfrentan las empresas de hoy en día: la ambición “in extremis” y el ansia del beneficio económico a corto plazo, en detrimento de la creación de valor a largo plazo.
La existencia de una empresa concierne a todos los aspectos de una sociedad y con esta premisa es suficiente, para plantearnos una serie de preguntas: ¿dónde limitar la responsabilidad de la empresa?¿Podemos jugar a eludir la responsabilidad que la empresa debe asumir, con prácticas como la subcontratación? ¿qué nivel de implicación debe existir entre empresa y gobierno?
En base a la incompetencia/ineficiencia de los sistemas de gestión en la administración pública, cuya consecuencia directa es la necesidad de la delegación del poder público: ¿Puede pasar a manos privadas, la responsabilidad de servicios tradicionalmente públicos, como puede ser el servicio militar?

Estas preguntas no hacen más que llamar al debate sobre la privatización de los bienes públicos que ya existe, y pegar un toque de atención sobre los derechos internacionales humanos. La privatización roza en muchas ocasiones la infracción del derecho internacional humano. Y es aquí donde la Responsabilidad Social Corporativa vuelve a hacer acto de presencia.
La extensión de la responsabilidad a estas áreas (como los derechos humanos) requieren de la reformulación de los principios que marcan su eficiencia hacia un nuevo sistema de valores que actué a modo de código ético para la empresa. La ética empresarial ha de ser a la empresa lo que la moral individual es al ser humano. La reformulación nos enfrenta con la necesidad de ampliar los objetivos marcados, apareciendo la necesidad de crear valor, no sólo para propietarios de la empresa, sino para todo el resto de grupos sociales que la participen.
Desde los años 60, se vienen sucediendo escándalos que comprometen las responsabilidades de la empresa. Tanto así, que ya se acepta socialmente que los negocios y la ética no van juntas. Y sino, solo hay que recordar el desastre de Bhopal 20 años atrás, y mirar desde el cristal de los derechos humanos para darnos cuenta de la ausencia de responsabilidad de la empresa Union Carbide Corporation y el gobierno indio, cuando 7.000 personas murieron debido a un escape de gases tóxicos en una fábrica de productos químicos, y otras 15.000 a causa de enfermedades derivadas. A fecha de hoy, aún no se se ha procedido a la limpieza del emplazamiento de la fábrica, y los residuos tóxicos siguen contaminando el medio ambiente. Los sobrevivientes nunca recibieron atención médica y menos ningún tipo de indemnización. Y lo que es aún más grave, y totalmente denunciable por mi parte (y debería serlo por cualquier ser humano) sorprendentemente, no se ha imputado a nadie la responsabilidad por el escape y sus consecuencias.
El problema no es para nada superficial, ya que más bien, es un problema de fondo: el propio sistema económico -el capitalismo, en el que intrínsecamente prima lo puro económico.
Y sin olvidarnos del hijo del capitalismo: la globalización que conjugada con la externalización introducen nuevas paradojas: “la traslación de las responsabilidades de la empresa” o lo que es lo mismo “crecer adelgazado”: la empresa se reduce a una sede central que maneja los aspectos meramente financieros, y el proceso productivo, externalizado, ya no está dentro de la empresa. Consiguiendo así una evasión de responsabilidades en el proceso productivo, al trasladárserlas a la empresa subcontratada de turno. Con un suma y sigue de problemas cuando nos topamos con la contradicción de un país que no puede comprar lo que él mismo fabrica.
Otra vez, surge la preocupación por el cumplimiento de los Derechos Humanos, Derechos del trabajador y las condiciones de trabajo.
La responsabilidad social corporativa no debe de quedarse en un instinto filantrópico. De hecho Responsabilidad Social Corporativa nada tiene que ver con filantropía. RSC debe ir mucho más allá. No se trata de que la empresa haga actos de caridad, sino de que los directivos la internalicen, y sea una implicación directa y cercana con la comunidad de la que son parte.

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